Veni Sancte Spiritus

Veni Sancte Spiritus

Himno de la Liturgia Cristiana que se canta, como “Secuencia” en la Misa del Domingo de Pentecostés hasta el sábado siguiente inclusive.

Algunos estudiosos de los himnos unen dos de estas estrofas en una, sin duda para completar el esquema rítmico de la tercera línea, como en el caso del “Lauda Sion” y el “Stabat Mater”. La característica peculiar del “Veni Sancte Spiritus” es, sin embargo, la persistencia a lo largo del himno del mismo cierre rítmico en “ium” para todas las estrofas —una característica imitada en la traducción del Dr. Neale (dada en el “Manual de Oraciones de Baltimore”). Esta versión del estudioso de himnos anglicano es menos popular que la del hermano Caswall, que se encuentra igualmente en los himnarios protestantes y católicos y en la “Raccolta” (Filadelfia, 1881).

El deán Trench y otros, siguiendo a Durandus, le atribuyen la autoría de la secuencia a Roberto II, que reinó en Francia desde 997 hasta 1031. Con el cardenal Bona, se la adjudica a Hermann Contractus y defiende fervientemente esta adscripción. La secuencia se ha encontrado efectivamente en manuscritos del siglo XI y del XII, pero escrito por una mano posterior, y se saca la conclusión de que data de algún momento después de la mitad del siglo XII. Esto hace probable la adscripción a Stephen Langton hecha por un escritor a quien el cardenal Pitra considera fue un cisterciense inglés que vivió alrededor del año 1210.

Más probable es la adscripción a Inocencio III hecha por Ekkehard V en su “Vita S. Notkeri”, escrita alrededor de 1220. Ekkehard, un monje de San Gall, dice que Federico II envió a Roma a su abad, Ulrico, el cual trató con el Papa sobre varios asuntos y estuvo presente en la Misa del Espíritu Santo celebrada ante el Santo Padre. La secuencia de la Misa fue “Sancti Spiritus adsit nobis gratia” (Que la gracia del Espíritu Santo esté con nosotros). Aquí Ekkehard comenta (lo que probablemente aprendió del propio abad Ulrico a su regreso a San Gall) que el mismo Papa “había compuesto una secuencia del Espíritu Santo, a saber, Veni Sancte Spiritus”. La secuencia anterior cedió poco a poco a su rival, que se asignó casi universalmente a uno o más días dentro de la octava. El Misal revisado de 1570 finalmente lo asignó a Pentecostés y a la octava.

La revisión que hizo Urbano VIII (1634) la dejó inalterada. Muy bien llamada por los escritores medievales la “Secuencia Dorada”, ha ganado la estima universal, cuyas razones fueron expuestas por Clichtove, quien en su “Elucidatorium” la considera “sobre toda alabanza por su maravillosa dulzura, claridad de estilo, agradable brevedad combinada con riqueza de pensamiento (para que cada línea sea una oración), y finalmente la gracia constructiva y la elegancia mostradas en la hábil y adecuada yuxtaposición de pensamientos contrastantes. Daniel aplaude esta apreciación. Gihr ocupa no poco espacio en su obra sobre la Misa en alabanza del himno, y Julian le otorga un tributo cuidadoso y apreciativo.

TRADUCCIÓN

Ven Espíritu Santo
y desde el cielo
envía un rayo de tu luz.

Ven padre de los pobres,
ven dador de las gracias,
ven luz de los corazones.

Consolador óptimo,
dulce huésped del alma,
dulce refrigerio.

Descanso en el trabajo,
en el ardor frescura,
consuelo en el llanto.

Oh luz santísima:
llena lo más íntimo
de los corazones de tus fieles.

Sin tu ayuda
nada hay en el hombre,
nada que sea inocente.

Lava lo que está manchado,
riega lo que es árido,
cura lo que está enfermo.

Doblega lo que es rígido,
calienta lo que es frío,
dirige lo que está extraviado.

Concede a tus fieles
que en Ti confían,
tus siete sagrados dones.

Dales el mérito de la virtud,
dales el puerto de la salvación,
dales el eterno gozo.

Amén, Aleluya.

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