Media vita

Media vita

Una leyenda medieval sitúa al autor de esta pieza (Notkerius Balbulus, s. X), sobrecogido y petrificado, al borde de un gran precipicio, a punto de caer en el mismo, con peligro para su vida: Media vita in norte sumus (en medio de la vida nos encontramos ya con la muerte).

La melodía gregoriana pone de relieve el dramático texto. Ese horror vacui por la proximidad de la nada, de la muerte amarga, objeto de la meditación del monje en peligro, queda de manera impresionante subrayado por la acción de la música.

La súplica angustiada del Sancte Deus, y la apelación de los versículos lanzados como flechas, como urgentes peticiones a su objetivo, resaltan poderosamente este momento meditativo.

(Luis Prensa)

En este melancólico mes de noviembre leía el otro día, en un libro de  Philippe Ariès, lo siguiente: “Hoy en día el adulto experimenta tarde o temprano –y cada vez más temprano que tarde–, el sentimiento de que ha fracasado, de que su vida de adulto no ha conseguido ninguna de las promesas de su adolescencia.

Este sentimiento se halla en el origen del clima de depresión que se extiende entre las clases acomodadas de las sociedades industriales.

Pero hoy no ponemos en relación nuestro fracaso vital y nuestra mortalidad humana.

La certidumbre de la muerte, la fragilidad de nuestra vida, son ajenas a nuestro pesimismo existencial.

Por el contrario, el hombre de la Edad Media tenía una conciencia muy aguda de que estaba muerto aplazadamente, de que el plazo era corto, de que la muerte, siempre presente en el interior de sí mismo, quebraba sus ambiciones y emponzoñaba sus placeres.

Y ese hombre tenía una pasión por la vida que nos cuesta entender hoy.

El hombre de las épocas protocapitalistas sentía un amor irracional, visceral, por los temporalia (las cosas temporales), entendiendo por temporalia, a la vez y sin distinción, las cosas, los hombres, los caballos y los perros”.

El hombre medieval sabía y lo vivía aquello de “media vita in morte sumus” (a la mitad de la vida ya somos de la muerte).

Y sin embargo se aferraba al deseo de vivir como nadie. ¡Qué bello responso –“Media vita in norte sumus”-, en el oficio de difuntos, se canta en gregoriano!

(José Luis Barrera)

El monje medieval sabía con certeza qué significaban estas palabras, y en general muchas personas de épocas antiguas. Por ello, resultaban tan poderosas y tan sugerentes.

Pero hoy día también lo hacen para nosotros, sobre todo por su carácter meditativo y sereno. Hoy nuestro protagonista será un gran maestro de la polifonía que ya conoces.

Se trata de John Sheppard (c1515-1558), compositor inglés del que no se conoce su lugar de nacimiento. Sus composiciones eran de una alta calidad, siendo considerado el mejor maestro de la época tudor siendo igualado solo por Thomas Tallis.

Junto con nada menos que Tallis y William Mundy eran cantores del Coro de la Capilla Real (no podría ni imaginarme cómo sonaría ese coro en su época).

Antes de formar parte de la Capilla Real formó parte del Coro del Magdalen College de Oxford. Fue uno de los encargados de dotar la capilla de María Tudor de una polifonía compuesta especialmente para el rito Sarum.

El maestro Sheppard puso música al texto de la antigua antífona latina Media vita in morte sumus. La obra formaba parte del oficio de difuntos.

En el siglo XIII formaba parte de un oficio de difuntos que se cantaba por Alemania con lo que así se incorporó a la Iglesia Católica. Posteriormente fue incorporado al oficio divino de la Cuaresma. Aunque durante muchos siglos fue atribuído a Notker Balbulus, parece ser que se sabe que no es de él. Sheppard consigue una obra única por su longitud (más de 20 minutos) y por su función litúrgica.

El texto está compuesto por la antífona al “Nunc dimittis” para el oficio de completas para las dos semanas anteriores al Domingo de Ramos. En ese momento no se cantaba polifónicamente el “Nunc dimittis” sino al propio responsorio. Con una de las palabras más poderosas del mundo antiguo, Sheppard conseguía una de las obras más fundamentales del periodo tudor. (Web de Música Antigua)

TRADUCCIÓN

Somos mitad vida y mitad muerte. ¿Quién puede ser nuestra ayuda sino Tú,
Dios nuestro que te irritas con justicia por los pecados que cometemos?
Santo Dios, Santo Fuerte, Salvador nuestro y misericordioso,
líbranos de la amargura de la muerte.
Señor, en Ti pusieron su esperanza nuestros padres, esperaron en Ti y les liberaste.
A Ti clamaron nuestros padres, clamaron y no fueron confundidos.
Gloria al Padre y al Hijo y al Espíritu Santo.

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