Influencia en el nacimiento de la Polifonía

Es criterio de los musicólogos en general que la presencia del canto gregoriano en el discurrir de la historia de la música ha sido tan importante que sin ella ésta se hubiera desarrollado muy de otra manera.

Algunos sostienen que el agente que ha producido el desencadenamiento de la técnica musical capaz de producir las obras geniales de los últimos siglos en Occidente es el canto gregoriano, y no es una exageración.

Respecto a la notación musical, no se ha dado aún una respuesta satisfactoria a la cuestión sobre el origen y primer desarrollo de los neumas latinos. Estos neumas eran signos gráficos que intentaban representar de manera adecuada los sonidos, una vez aislados del continuo sonoro que es el canto. Los signos formaron un código gráfico-musical sumamente rico, cuya evolución acabó conformando la notación musical moderna.

En 859 un monje normando que huía de su monasterio por la batalla de Clavijo, acudió a refugiarse al monasterio de San Galo (Suiza). San Galo era a mediados del siglo IX un emporio de cultura y espiritualidad monástica. Monjes escritores, músicos y artistas nos han dejado huella imperecedera de aquel esplendor. Uno de ellos, Notkero, narra cómo el citado monje normando trajo en su huída un antifonario con piezas musicales (tropos) de largos melismas que permitían hacer menos aburrido y más fácil de memorizar los grandes desarrollos melódicos sobre una vocal. Esta invención iría muy unida a la polifonía, por muchos motivos, pero sobre todo porque abría un cauce a las nuevas composiciones en un repertorio hasta entonces cerrado e intocable, por sagrado.

Nos referimos a polifonía en sentido técnico a la yuxtaposición o entrelazo de dos o más melodías para producir un efecto armónico. Todos sabemos que la fusión de dos o más voces para cantar incluso en grados diferentes es un procedimiento muy antiguo que, además, aparece en casi todas las culturas. Nos referimos aquí específicamente a la técnica del discanto, llamado más tarde contrapunto, en el que las voces aparecen individualizadas en busca de un efecto armónico, y que, como se sabe, ha sido el desencadenante de la composición musical, así para instrumentos como para voces humanas.

Los primeros testimonios escritos fehacientes de la polifonía así entendida, aparecen en la misma época que los tropos, a mediados del siglo IX. Hacia el año 850 encontramos en los tratados del Seudo-Hucbaldo, "Musica Enchiriadis", "Scholia Enchiriadis", una descripción de los diversos procedimientos polifónicos en uso. De hecho, la voz (vos organalis) que se añade a una melodía preexistente para producir el efecto polifónico, no es ni más ni menos que un tropo de interpolación simultáneo. Ahora bien, estos tratados presuponen una práctica consolidada de la polifonía cuya técnica describen.

Son numerosos los datos que pueden aducirse para probar la existencia del discanto polifónico en la liturgia hispánica desde la época de san Isidoro de Sevilla (s.VII).

Por ejemplo, el himno de la liturgia del matrimonio denominado "Carmen de Nubentibus" compuesto probablemente en el s.VII, invita a interpretar cánticos con varios instrumentos, y a cantar un poema (carmen) con la voz propia del discanto polifónico.

En el Antifonario de León (Archivo de la Catedral) posee largos melismas, escritos algunos en el margen, que marcan una intención polifónica. Siendo así, esta página es el ejemplo más antiguo de polifonía escrito en Occidente.

Hasta el s.XI la polifonía vocal era sobre todo una técnica de improvisación, llamada discanto. Mientras los clérigos de la schola monástica o catedralicia cantaban con gravedad y respeto y con voz sostenida los cantos del repertorio litúrgico, el primicerius o capiscol tejía sobre él un adornado melisma, multiplicando virtuosísticamente sonidos y más sonidos sobre cada una de las notas del canto litúrgico. El resultado de la conjunción de las voces debía producir un efecto sonoro extraordinariamente sutil, sometido a las inamovibles leyes de la consonancia.

Es notable que el primer repertorio polifónico coherente con obras audibles en el mundo actual pertenezca a los oficios del Apóstol Santiago según la liturgia compostelana. Además encontramos en Burgos, hito clave en el Camino de Santiago, uno de los códices polifónicos más significativos de toda la Edad Media.

El códice calixtino recoge los oficios solemnes del Apóstol Santiago y añade ciertas obras en polifonía para ser insertadas en las correspondientes piezas del canto llano. Desde lo musical y codicológico, hay motivos para pensar que los oficios fueron copiados (y quizás compuestos a la vez), primeramente en canto gregoriano hacia el año 1140. Posteriormente (1160-1170) se copiaría la colección de piezas polifónicas a incluir por los cantores en su lugar correspondiente dentro del oficio. Las obras polifónicas en total son veintiuna en el oficio de Santiago Apóstol.

La originalidad del repertorio calixtino es indudable, por el número de obras en él contenidas y por la ausencia de paralelos en otras fuentes. En él aparece el primer canto a tres voces que tenemos documentado en Occidente: "Congaudeant catholici".

La técnica de la polifonía se iba desarrollando para el servicio del culto litúrgico de la Iglesia, sin embargo el mundo civil parecía estar totalmente de espaldas a la polifonía casi hasta el final del período gótico.

Hacia el año 1275 el autor inglés de un tratado musical conocido como Anónimo IV de Coussemaker, nos da detalles sobre dos maestros extraordinarios, Leonín y Perotín, que ocuparon sucesivamente el puesto de cantor en la catedral de Notre Dame (París) y compusieron diversos cantos polifónicos, organa y conductos, cuya voz principal o básica eran los cantos monódicos del antifonario y gradual gregorianos. Estas obras de Leonín fueron compiladas en un gran códice de polifonía titulado Magnus Liber Organi de Graduali et Antiphonario pro servitio multiplicando. Luego, Perotín resumiría esa obra en el Magnus Liber alrededor de 1182.

Durante el s.XIII París alcanzó un prestigio intelectual muy grande como centro de la ciencia y de las artes. En la segunda mitad del siglo coincidieron allí maestros insignes de la teoría musical. Mas, en todas las ciudades donde había escuelas o universidades importantes se practicaba la música con una técnica muy moderna: los cantores intentaban demostrar su habilidad en la aplicación de una y más voces al canto llano de los clérigos; los teóricos analizaban con toda precisión los efectos sonoros del cada vez más depurado canto polifónico, buscando nuevos recursos técnicos para lograr la representación gráfica de uno de los elementos más difíciles de captar, la dimensión rítmica de los sonidos.

El intenso período de producción polifónica durante el s.XIII que se prolonga hasta la tercera decena del s.XIV, suele denominarse "ars antiqua", que con el tiempo se impuso para designar la producción polifónica del Norte de Francia entre los años 1230 a 1320.

Más tarde, con la llamada "ars nova" que inicia hacia 1315, la música comienza a presentarse como un arte público, no sólo del culto divino, ligado a los acontecimientos y personajes más relevantes de la vida política y social.

Ciertamente todo ello influyó, desde Francia, al resto de Europa, al punto que algunas cortes como la de Aragón favorecieron esta actividad en sus capillas musicales, dotándolas de medios económicos y humanos. Sin embargo, la sencillez, eficacia expresiva y el apego a la palabra frente a la retórica y formalismo musical de la chanson française, hicieron de la polifonía española del s.XVI uno de los hitos esenciales de la historia universal de la música.

Vemos así cómo el canto gregoriano está omnipresente como estrato básico y sustancial que sirve a los compositores para el perfeccionamiento de la técnica musical y para la creación de obras de gran inspiración.

Llegado el Renacimiento, cuando la creación polifónica parece despegarse del primitivo sustrato que la ha sustentado, ahí está el canto gregoriano como voz obligada en una gran parte de las obras de los grandes compositores, no sólo de la música eclesiástica vocal, sino también de la instrumental. Tendrá que venir luego la música barroca para romper las ataduras con el canto gregoriano.

(Fuente: PRENSA VILLEGAS - CALAHORRA, Primeras Jornadas de Canto Gregoriano, ed. Instituto Fernando el Católico, España, 1997 Exposición de FERNÁNDEZ DE LA CUESTA, catedrático de canto gregoriano y musicología medieval)