El Gregoriano y la Música Moderna

¿Es el canto gregoriano una música antigua, moderna o contemporánea?

Dom Joseph Pothier, monje benedictino de la Abadía de Solesmes encargado por el Papa san Pio X para preparar la Edición Vaticana de los cantos de la Misa, confiesa en el prólogo de dicha edición (Roma, 1908), que el gregoriano no es un canto exclusivo de la antigüedad, porque esto sería reducir el espacio de unos pocos años la tradición gregoriana. Ésta, en efecto, comprende todos los siglos que con mayor o menor éxito han cultivado el arte del canto gregoriano.

Si nos situamos en la perspectiva con que contemplaba la historia el mayor conocedor del canto gregoriano que jamás ha habido, podemos deducir que este canto eclesiástico es un canto intemporal o atemporal, en la medida en que, sometido a las leyes de su propia tradición, ha coexistido con las diversas formas y estilos de música de todos los tiempos.

Ya no se trata sólo de reconocer el papel decisivo que el gregoriano ha jugado en la Historia como desencadenante y lugar de ensayo de las técnicas de la música compuesta en los últimos siglos. Sino, más aún, lo que sorprende al historiador de la música de estos siglos es el protagonismo que el gregoriano ha tenido como música viva extraordinariamente influyente en la gran música de los últimos siglos al coexistir amigablemente con ella.

El canto gregoriano no ha ejercido influencia únicamente en la música sacra, ni sólo durante la Edad Media, sino en el Renacimiento y desde el Barroco hasta hoy.

Por otro lado, hay que atribuir al gregoriano una cualidad relevante como forjador de los códigos y arquetipos audiofónicos en los que se basa la música moderna occidental. ¿Quién negará que las escalas diatónica y cromática usadas y experimentadas durante tantos siglos en el gregoriano son las que condensan asimismo la materia sonora de las composiciones antiguas y modernas?

La música de algunas culturas tienen muchos más sonidos que los nuestros. Por ejemplo la árabe. En Occidente se redujeron múltiples microtonos al sistema diatónico que imponía el gregoriano. Para un oído acostumbrado a los microtonos, nuestro canto puede sonar desafinado. La música de otras culturas, por el contrario, tiene muchos menos sonidos, escalas pentatónicas, tetratónicas, tritónicas, de manera que para ellos un tono o un semitono es un microtono no perceptible. Así en África subsahariana. Para probar que nuestra escala diatónica se debe al gregoriano, lo mejor es acudir a las variantes de los manuscritos del Norte y del Sur. Cuando se implanta el gregoriano en las regiones del Norte con escalas muy anchas, por ejemplo, pentatónicas, que no conocen el semitono, los manuscritos huyen de él siempre que pueden. Por ejemplo, se sustituye el recitativo en mi o si, por fa y do respectivamente.

Recordemos otro detalle, entre los muchos ejemplos que podríamos aducir: nuestras canciones comienzan en el grave, rápidamente ascienden hacia un determinado nivel agudo, que modernamente llamamos dominante, para terminar, por lo general, en la misma nota grave, hoy tónica, por donde se ha comenzado. Pero esta forma de cantar y de componer surge de la recitación litúrgica de los salmos, donde hay un tenor o cuerda dominante en la que se recita cada uno de los versos, precedido de un incipit y seguido de una cadencia.

En suma, el gregoriano, practicado de manera extensa e ininterrumpida durante tantos siglos en el Occidente cristiano es el forjador de nuestro oído musical, o, para emplear una expresión acuñada por los lingüistas, es el adstrato de la música moderna.

Todo lo cual nos permite situar al gregoriano como auténtico cimiento de la música occidental, por más que no podamos reconocerlo a simple vista.

No todos los compositores han sido conscientes de la dependencia que directa o indirectamente sus obras tienen del gregoriano. Pero no se sabe de ningún gran compositor que lo haya despreciado, a excepción de Camilo Saint-Saëns, según se cuenta. Sin embargo el mismo Saint-Saëns utilizó la secuencia gregoriana "Dies irae" para su Danza Macabra, como la había utilizado Liszt, y en su Sinfonía en do menor.

Otro ejemplo, es en el mundo protestante, donde muchos de los músicos que ejercieron su actividad en los servicios de las iglesias, como veremos en Bach, se inspiraron en las canciones recogidas por Lutero en su Pequeño Libro de Himnos (1525) y en su Misa Alemana (1524), en las que existe una gran presencia del repertorio gregoriano.

En la Sifonía fantástica de Berlioz está presente también el "Dies irae" gregoriano. En la Sinfonía antiqua de Widor está citado el "Te Deum laudamus"; y en la Gótica del mismo autor, el "Puer natus est nobis"; y en la Romana, el responsorio "Haec dies quam fecit Dominus". El Oratorio Redemption desarrolla temas del himno "Vexilla Regis prodeunt". En un wagneriano convencido, como Vicent d'Indy, no podría esperarse la presencia del gregoriano. Sin embargo, en sus tres principales óperas, Fervaal (Acto IV), L'Étranger (Acto II) y La leyenda de San Cristóbal, nos encontramos el "Pange lingua", el "Ubi caritas" y el responsorio "Haec dies", todas ellas piezas del canto gregoriano.

Podríamos multiplicar las citas, pero nos referiremos especialmente a tres autores: Bach, Mozart y Debussy.

BACH: protestante, organista de la iglesia de Santo Tomás de Leipzig ¿cómo pudo recibir influencia del gregoriano, si Lutero había proscrito de su liturgia el latín?

Estudiando profundamente el origen y evolución de los servicios religiosos, nos percatamos del lugar tan importante que en los orígenes mismos de la Reforma tuvo el canto gregoriano. Hasta las postrimerías del s.XVIII se advierte la presencia del gregoriano, siempre arropado y oculto dentro del gran ropaje que es la música severa y tupida del contrapunto y del bajo continuo.

Lutero y los músicos protestantes no inventaron la música, al contrario, no hicieron en principio más que traducir al alemán los textos latinos, tal como aparece en la Deutsche Messe und Ordnung Gottensdienst, de 1526. Pero también tomaría de la tradición gregoriana cantos para su Geistliche Gesang Buchlein, de 1524. Su propósito era hacer la liturgia más inteligible y accesible al pueblo para lo cual recoge cantos de la tradición popular y, sobre todo, cantos del repertorio gregoriano, traducidos al alemán y dotados de una forma métrica y estrófica que permitiera su interpretación por el conjunto de la comunidad. Así nacieron los corales. Las melodías ahí quedan como testimonio fehaciente del viejo estrato gregoriano.

A través de estos cantos así adaptados de la iglesia luterana, el repertorio gregoriano tendrá una presencia destacada en la obra de Bach.

MOZART: en pleno clasicismo, y en medio de una absoluta decadencia del canto llano ¿cómo dejó influenciarse del gregoriano?

En la Historia de la Música, Mozart es quien hace uno de los saltos o cortes con el pasado. Sin embargo, su personal vivencia del canto llano queda reflejada en su música religiosa, cuya producción es enorme. Más de sesenta piezas, entre las que se encuentran algunas de sus obras maestras.

Además de una huella gregoriana en composiciones como la Misa de la Coronación en do mayor, la Misa V, o la Flauta Mágica, descubrimos en sus composiciones religiosas temas gregorianos que se desarrollan a lo largo de una pieza y no uno estaría tentado de ver un "cantus firmus" que pasa de una voz a otra, si no fuera consciente de que no es un autor del s.XVI, sino el mismísimo Mozart. Y recordemos el primer acorde del Requiem, que responde exactamente a la entonación gregoriana.

La atmósfera socio-religiosa que envolvía la vida de Mozart ciertamente impregnó con el canto llano su espíritu. Parece que al final de sus días llegó a confesar que el simplicísimo recitativo del prefacio de la Misa valía más que toda su obra.

DEBUSSY: del que no se conocen obras religiosas propiamente dichas, como no sea El Martirio de San Sebastián, que es más bien, una obra lírica.

En casi todos los compositores y organistas franceses de la época (s.XIX) está presente el canto gregoriano, generalmente en forma de tema musical. sin embargo Debussy es un caso especial. Desde muy joven este gran músico se rebeló contra el academicismo de sus maestros. Esto explica quizás que ni una sola nota del repertorio gregoriano aparezca en sus obras. Pero, como explica la profesora portuguesa Julia d'Almendra en su monografía sobre Debussy y el gregoriano, lo que siente este hombre por esta música es auténtica fascinación. Es sobre todo la atmósfera que trasciende de él lo que le subyuga: esa sonoridad plena cuando se escucha en una iglesia.

Un amigo suyo, Julien Tiersot, recuerda que al salir de la iglesia después de haber escuchado gregoriano a los Chanteurs de Saint-Gervais, con el rostro iluminado y emoción intensa, le dijo: "Voilà de la musique" (esto sí que es música).

Asiduo asistente y oyente de los oficios religiosos de la catedral de Cannes, de los Chanteus de Saint-Gervais y su afán por descubrir la esencia del gregoriano, lo llevaron más de una vez a Solesmes a departir con los monjes benedictinos la esencia de esta música ancestral pero siempre viva en la Iglesia Católica.

En el verano de 1893 pasó una temporada en Solesmes. Precisamente cuando más preocupado estaba por los problemas modales y cuando estaba iniciando la composición de su Pelléas et Mélisandre. En la búsqueda de colores e impresiones Debussy descubrió en el canto gregoriano una gama infinita.

(Fuente: PRENSA VILLEGAS - CALAHORRA, Primeras Jornadas de Canto Gregoriano, ed. Instituto Fernando el Católico, España, 1997 Exposición de FERNÁNDEZ DE LA CUESTA, catedrático de canto gregoriano y musicología medieval)